Las pulgas del perro son de
color marrón oscuro, no voladoras y miden de 1,5
a 4 mm de largo. Existen muchas especies y
subespecies de pulga, pero sólo tres infestan al
perro. Pueden ser molestas e irritantes para sus
hospedadores, provocar dermatitis alérgica y
transmitir diversas enfermedades, como
parasitosis intestinales por tenia (Dipylidium
caninum), borreliosis (Borreliaburgdorferi) y
bartonelosis (Bartonella henselae), entre otras.
Puede ser muy difícil encontrar pulgas adultas
en un perro. Una de las características de la
pulga es su capacidad para saltar. Con sus patas
largas y robustas y su ligereza puede saltar de
50 a 70 cm en el aire. Estos saltos son
importantes para poder cambiar de hospedador.
Además, las pulgas están equipadas con antenas
parabólicas, pelos sensibles al calor y sensores
de vibración para detectar con gran eficacia a
los hospedadores. Sus piezas bucales están muy
bien adaptadas para morder y chupar. Las hembras
adultas son ávidas devoradoras de sangre y es
éste es el motivo por el cual las heces de pulga
son básicamente sangre coagulada sin digerir.
Los huevos de las pulgas, y consecuentemente
también las larvas, se concentran en zonas donde
el hospedador pasa más tiempo. Céspedes,
moquetas, alfombras, cojines, suelos de madera,
nidos o grietas son las principales fuentes de
infestación. Generalmente, en sus etapas
juveniles, la pulga prospera en clima templado,
por lo que está mejor dentro de las casas con
calefacción. Se adhieren principalmente
alrededor de la cabeza, sobre la espalda (cerca
de la base de la cola) y en las ingles. Las
áreas sin pelo y las zonas fácilmente
accesibles, como las zarpas, son menos
atractivas para ellas y las evitan. Sobre el
perro, pueden provocar diferentes
efectos:
-Infecciones con tenias (D.
caninum) y otros
microorganismos.
-Comportamiento alterado:
picores, saltos y carreras
repentinas.
-Anemia en cachorros.
-
Efectos alérgicos: dermatitis alérgica a la
picadura de pulga (DAPP).
